CARGA

JEREMY SKIRROW - AUSTRALIA

En los últimos años, más de 8 millones de venezolanos han huido de su país en busca de estabilidad. Colombia ha acogido a la mayor parte y, en Medellín, la Plaza Mayorista se ha convertido en un lugar de oportunidades y penurias.


Aquí, la carga lo define todo.
La física: sacos de papas, cebollas y plátanos que superan los 60 kilos, cargados a la espalda por jóvenes en callejones estrechos.
La emocional: la distancia del hogar.
La psicológica: la incertidumbre de vivir al día, sin red de apoyo.Estas cargas, invisibles para muchos, pesan constantemente sobre quienes trabajan allí.


Los cargadores son en su mayoría venezolanos de poco más de veinte años. Algunos se quedan meses, otros solo unos días. Aldair, de 20 años, dejó en Caracas a su esposa y dos hijos. Llegó hace dos semanas con lo puesto y la esperanza de encontrar trabajo. Ángel, de 21, también tiene un hijo pequeño. Ve partidos del Real Madrid cuando puede. Para ambos, Medellín es solo una parada para enviar dinero a casa.


Sus jornadas comienzan antes del amanecer y se extienden hasta la tarde. No hay contratos ni sueldos fijos. Un buen día pueden ganar 50.000 pesos (12 USD), pero la mayoría no lo son. Con alquiler que pagar y familias que mantener, queda poco. Cada semana llegan nuevos rostros; los anteriores desaparecen. Es un trabajo duro que premia la fuerza, la resistencia y la suerte.
Pero las cargas más pesadas no son las físicas. Muchos enfrentan soledad, estigma y miedo al futuro. Su presencia se tolera, pero rara vez se valora. Y, sin embargo, vuelven. No porque crean que la vida mejorará, sino porque no pueden parar.


El mercado no descansa. Huele a fruta madura y gasóleo. Camiones pitan, silbidos y gritos llenan el aire, y los tratos se cierran al ritmo del caos. Los lazos se forman en la rutina, en los silencios compartidos. Aun así, hay momentos de humanidad: una broma, una sonrisa, una pausa en la sombra.

Para algunos, la presión es demasiada. Sin apoyo y con pocas salidas, recurren a sustancias. No por debilidad, sino como escape momentáneo ante una vida aplastante.


Muchos apenas son adultos. La mayoría sueña con volver; algunos se plantean quedarse. Por ahora, la supervivencia es lo único seguro.


Esta serie trata de ese peso: visible e invisible. Vidas marcadas por la migración y el sacrificio. Jóvenes que cargan con más de lo que deberían. Y, aun así, su humanidad persiste: silenciosa, compleja, inquebrantable.

SOBRE EL AUTOR

JEREMY SKIRROW
Australia

Soy fotógrafo documental australiano radicado en Medellín, Colombia. Exploro temas sociales y económicos con un enfoque humano, buscando visibilizar historias que suelen pasar desapercibidas.

Con formación en economía y experiencia previa en finanzas, me interesa entender cómo las estructuras económicas impactan la vida diaria. Mi fotografía aborda temas como migración, desigualdad y trabajo informal, centrándose en quienes enfrentan estas realidades con dignidad.

He documentado comunidades en Colombia, Perú y Guatemala, colaborando con organizaciones como Médicos Sin Fronteras, Safe Passage y Fairmail. Además de mi trabajo documental, desarrollo una práctica de fotografía callejera, enfocada principalmente en el uso del color para mostrar momentos y escenas cotidianas.

Actualmente trabajo en 37kg, un proyecto documental que explora los impactos sociales y ambientales de la moda rápida y la cultura del consumo, ampliando mi interés en narrativas sociales contemporáneas.

Mi trabajo ha sido exhibido en Yakarta y Melbourne, y publicado en revistas como Night Timin’ y Bibin Magazine. En 2025, fui ganador de concursos internacionales como The Independent Photographer (fotografía callejera), Exposure One Awards y 1839 Awards (fotoperiodismo en color).

Estoy comprometido con contar historias reales con respeto y sensibilidad, y abierto a colaboraciones editoriales, institucionales y con organizaciones sociales en América Latina.

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