Miradas de un territorio latente
RESULTADOS
HISTORIAS SELECCIONADAS

SAULO AUGUSTO JR - BRASIL
TRIPALIUM

FELIPE FIGER - CHILE
LA CIUDAD PERDIDA

PAULA PARRINI - ECUADOR
BARRIO

PRISCILA BORRA BISSERIER - ARGENTINA
RAÍCES GUARANÍES

OSMANY BONET - CUBA
NIÑERÍAS

EDUARDO ESPARZA - MÉXICO
EL PULSO DEL MAR

JUAN CRUZ OLIVIERI - ARGENTINA
ENTRE LUCES Y SOMBRAS, EL ALMA GAUCHA

ISABELLA BOBADILLA - COLOMBIA
UPI LA RIOJA: LA HISTORIA DE UNA PROMESA INCUMPLIODA A LOS EMBERÁ EN BOGOTÁ

VICENTE SÁNCHEZ - MÉXICO
NENENQUI

GUSTAVO ROJAS - MÉXICO
MANAUS: UNA VIDA HECHA DE TODAS LAS VIDAS

CALICHE MONTOYA - COLOMBIA
COQUÍ, A RITMO DE MAREA

PAULO COSTA - BRASIL
RIOS E MEMÓRIA: RETRATOS DE UM JURUÁ QUE RESISTE

DEBORAH COLE - USA
EQUILIBRANDO LEGADOS: observaciones sobre la evolución del rol de las mujeres en México

YAGO SARAIVA - BRASIL
ITAUEIRA

EUGENIA LLANEZ - ARGENTINA
LO QUE EL COLOR REVELA

BENJAMIN CASTELAZO - MÉXICO
CABALLO, REATA Y SOMBRERO

VIVIANA ARRIETA - MÉXICO
DEMENCIA: MIRADAS A UNA ENFERMEDAD INVISIBILIZADA

AARÓN SOSA - VENEZUELA
IN-XILIOS

ALFREDO SARABIA - CUBA
TIERRA DE CICLONES

RAFAEL ROJAS - BRASIL
COLORES DE SÃO PAULO

RAPHAEL ALVES - BRASIL
RIVERSICK
REFLEXIONES DEL JURADO
Linda Esperanza Aragón
Anotaciones
No fue fácil contemplar, revisar y adentrarme en los proyectos fotográficos que se postularon a la convocatoria Miradas de un territorio latente. Me emocioné, reflexioné, repensé, temblé, reí, dudé, conocí realidades que nunca antes vi pasar por mis ojos. Experimenté un carrusel de emociones en ese viaje visual por diversos países de Latinoamérica, algo que me parece valioso y que reafirma lo que dijo alguna vez Berenice Abbott: “La fotografía ayuda a las personas a ver”.
Y justamente, a través de esta convocatoria, me quedó todavía más claro que la fotografía es una experiencia antropológica en la que debemos aprender a tomar decisiones y a lidiar con la pérdida —habrá escenas que se nos escaparán y que no se presentarán jamás—, es un aquí y un ahora, es la construcción de una voz y de una mirada.
Múltiples fotógrafos y fotógrafas en la convocatoria lo tuvieron claro, entienden el poder de la imagen y de la ardua tarea de cimentar un discurso visual valiente, sentipensante y honesto sobre sus territorios, en donde palpitan historias en cualquier vereda, barrio, calle, festividad, cuerpo de agua, patio, esquina, nostalgia o recuerdo. Porque el territorio no solo se refiere a un sitio físico, sino también a lo que llevamos por dentro.
Y es que los verdaderos viajes no son únicamente aquellos que parten desde un aeropuerto. Viajar también es ir a la tienda de la esquina y percibir lo que ocurre allí; es transitar por nuestro interior y tropezarse con alguna remembranza o pensamiento que no estaba perdido sino muy recóndito. Más que cambiar de camino, es aprender a cambiar de ojos.
La fotografía es más que oprimir un botón: es un ejercicio que nos puede devolver una inquietud, una reflexión. No es mirar por mirar. “La cámara es un pretexto para conocer la vida y aprender sobre los lugares que voy. Yo me quedo en los pueblos a vivir, se crea una complicidad. Si solo vas un día es difícil”, ha sostenido siempre Graciela Iturbide.
Entre tanto, noté en esta convocatoria que muchos fotógrafos y fotógrafas se dedican a documentar para construir narrativas para la memoria, para que el olvido no se las lleve. Y para narrar historias para la memoria se requiere de ir sin afán, de volver a ese sitio o recuerdo mil veces si hace falta, de cocinar el relato a fuego lento. Los trabajos seleccionados se cocinaron así: lento y desde una mirada construida a pulso, conectada al corazón y comprometida con sus territorios.
Karen Kea
Tejido vivo de una memoria compartida
En Latam no solo habitamos un territorio: lo vivimos como un espacio con significado. Nuestro territorio no se define por las fronteras, sino por el apego, la legitimación de la identidad y la memoria que nos entretejen. Somos un cruce de miradas que revelan el mapa invisible de lo humano.
En esta convocatoria, el acto de habitar aparece como algo más que ocupar un lugar: es una forma de resonar con lo que el espacio despierta en cada uno de los participantes. Revelando esa carga emocional que depositamos en los entornos que transitamos, mostrando cómo los lugares se construyen a partir de la memoria y las experiencias personales.
En muchos de estos relatos, el territorio se vuelve una piel extendida donde las historias se entrelazan, especialmente en los espacios públicos y las costumbres, demostrando que la cohesión cultural no proviene de la homogeneidad, sino de las distintas experiencias de habitar y afirmar nuestra presencia.
Cada mirada, desde una sensibilidad particular, conforma un territorio de identidades, vínculos y formas de decir “aquí estoy”. Desde las grandes ciudades hasta los barrios periféricos, se muestra un espacio urbano que es escenario de convivencia entre lo ancestral y lo contemporáneo. Lengua, historia, origen y sincretismo se manifiestan no solo como herencias, sino como constantes reinterpretaciones latentes de las experiencias que se repiten con distintas voces, caminando con eso que nos identifica y revela una sabiduría profunda del habitar.
En estos recorridos se narran fragmentos de historias colectivas: son archivos vivos donde se acumulan las huellas del pasado y del presente. Documentar este mosaico de infinitas realidades es un acto de resistencia y de pertenencia, un encuentro donde compartir estas historias y visibilizar sus fragmentos se vuelve también una forma de cuidar lo que somos.
En Observadores Urbanos compartimos la idea de que los pueblos y las ciudades de América Latina son territorios de historia y de transformación: un tejido vivo de memorias compartidas que sentimos y habitamos con conciencia de aquello que nos une e identifica. Tierras de colores vibrantes, donde en cada rincón resuenan las tradiciones, aromas, música y silencios; contrastes, resistencias y esperanzas; y donde habita la capacidad de reinventarnos sin perder la memoria, trazando así las miradas de un territorio latente.



